lunes, 6 de febrero de 2012

Síndrome del viajero eterno

 
Hoy me remito a poneros aquí un texto que me ha llegado de manos de mi querido Andrés, que a su vez le llegó de manos de nuestra Natali, y el cual me siento obligado a compartir con todos ustedes. Sé que es largo, pero merece mucho la pena leerlo. Dicho artículo habla de un síndrome al que bautiza como "síndrome del viajero eterno" y con el cual me siento totalmente identificado. Aquí os lo dejo, tal cual. Disfrutadlo:

 
Una de las cosas que más me cuesta explicar a alguien que siempre ha vivido en el mismo lugar, es la sensación de no pertenecer a ningún sitio. Es una especie de ansiedad, de no estar a gusto, de que falta algo... Yo lo llamo el "síndrome del viajero eterno", porque una vez que picas ya no hay vuelta atrás, y me he cruzado con muy pocas personas que sepan a qué me refiero. Los expertos lo llaman "choque cultural reverso" (y tiene un cuadro de síntomas que os ahorro).

En su forma más sencilla, sería algo tal que así: al irte de una ciudad, tu memoria de esa ciudad se fija en ese momento y permanece inalterada para siempre. En nuestro nuevo hogar, siempre echaremos de menos esa ciudad e incluso idealizamos ese recuerdo. La realización de que uno sufre el síndrome se produce al volver y es por eso que esta enfermedad es tan cruel; es entonces cuando nos damos cuenta de que ese lugar idealizado en nuestra memoria ha seguido evolucionando sin nosotros y que ya no tenemos esa familiaridad que recordamos. El efecto es más fuerte cuanto más distintas sean las culturas entre sí y cuanto más tiempo haya pasado (por norma general).

Y así entras para siempre en una dinámica en la que nada es casa. Quieres vivir en una ciudad collage de recuerdos, experiencias y personas. Una mezcla de estilos, arquitecturas, gastronomías... Una ciudad mezcla de los recuerdos de todas las ciudades que has amado. Pero esa ciudad no existe.

Y el que no ha viajado más que de vacaciones no lo entiende. Y te dirá "No es para tanto". Y para él (o ella) casa siempre será un lugar concreto. Generalmente se entiende que tienes que vivir en otro lugar al menos un año para notar los efectos.

Hace poco leí un artículo en inglés cuyo título podríamos traducir por "Volver a casa tras vivir fuera" y que lo explicaba de maravilla. Una de las cosas que decía la autora, Cora Heller, es que tiene esa sensación de querer volver todo el rato, pero cuando vuelve en realidad está deseando irse de nuevo. Esto es algo que he sentido muchas veces, peor no había acabado de entender a qué se debía.

También explica que conocer otras culturas te cambia para siempre, y que a pesar de no encontrarte "en casa" en nigún sitio, es un sacrificio que se volvería a hacer dada la oportunidad.

Coincido con ella en que lo que te pierdes en familiaridad de tu ciudad, lo ganas en familiaridad internacional; te conviertes en un animal de aeropuertos, y los check-ins y los controles de seguridad se convierten en algo trivial. Te conviertes en una persona más observadora y te resulta más fácil coger los principios básicos de la cultura en la que te encuentras y adaptarte a ellos.

Concluye que al final, uno debe dejar de preguntarse si se sentirá en casa algún día (o mejor dicho, en algún sitio) e intenta averiguar qué nos hace falta para sentirnos en casa ahora, donde estamos en este preciso momento.

Y los que sois un poco nómadas sabréis que al final hay esas pocas cosas, o esas pocas personas que serán "casa" para nosotros allá donde vayamos. Y algunos tendrán la suerte de que esas personas les acompañen y casa será cualquier lugar.

 
Sea quien sea quien haya escrito esto, muchas gracias.

1 comentario:

  1. Simplemente maravilloso... podríamos haberlo escrito cualquiera de nosotros (por lo que dice, por lo bien redactado no sé...)

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